Capítulo XVI

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¿Qué haces? —interrumpió el abuelo en la habitación de Rubí. —Imaginando —dijo la niña con voz dulce —¿Qué imaginas? —Mis pies —¿Tus pies? —¿Por qué? —No lo sé, pero hablan. —¡Yo sé cómo hacer eso! —¿Cómo pa’? Fue a la cocina, tomó un carbón frío, subió a la torre, y dibujaron caras neutras en los pies, la cual hacían gesticular con las arrugas de los mismos. —¿Mermelada? —De mora por favor. —Um… solo tengo de vinagre. —¿De vinagre?, ¡eso no existe! —afirmó incrédula con una mueca. —¿Cómo no?, ya la imaginé. —Papá, no seas bobo —sonreía al fruncir el ceño. —Está bien, de Mora. Tomó plastilina con los dedos de los pies, e intentó amasar un postre de mermelada. —¿De qué te ríes? —le preguntó a su padre adoptivo—reírse solo es de locos. —Quizá, pero la memoria me hace reír. —¿Sin chistes? —Sí, sin chistes, tan solo imagina esta escena. —¡Ammm! Yum, yum, yum —bostezó—me aburro. —Imagínala. Un viejo, y una joven creciendo en su habitación, sentados en el piso, con las piernas extendidas, y las palmas de las manos hacia atrás, al aire; hasta sentir un leve dolor que las hace caer sobre el suelo. Las aves trinan, pero no las escuchan. Inventaban cuentos mientras reían de los gestos que los pies ajenos hacían, y reían de nuevo cuando ya no se movían; carcajeaban en espasmos repentinos y sin sentido aparente. La memoria hidrata el ánima, y lo único que ésta recuerda, son las emociones que le rodea, las risas y los estrépitos señalando las caras de los pies ajenos, los mechones del cabello, la dilatación de la mirada, y el brinco insensato hacia el abuelo, causado por un latido del corazón de la mujercita. —¡Qué desfachatez! —¿Qué ocurre? —se preocupó el abuelo. —¡Mira! un “etc.”. Es el primer libro en el cual encuentro un “etc.”, un odioso “etc.”–¬decía afligida, acongojada, enfurecida y angustiada, empuñando su mano en armas—, ¿Puedes explicarme por qué el señor Saavedra escribió un “etc.”?, ¿o quizá sea un problema de esta edición?, ¿Será que hay editores tan negligentes como para suprimir los versos que no les gustan? —¡Oh!, ¡bella fermosa moza! pensil della experiencia, frisada de quince años—asentaba el abuelo con su cabeza, al retozo de la frente en su mano izquierda—¿Quién soy yo para dar a tu pregunta respuesta? —¡Advierto que me ha quitado algo! —gritaba aún más exaltada, casi histérica. ¡Ah!, tengo ganas de gritar. —Grita aún más —afirmó el abuelo. —Sentí sus manos introducidas entre mis pechos —continuó aterrada—; como si los hubiese girado desde el interior, agarrándolos y dejando todas mis glándulas al aire, ¡de un espasmo! —elevó su voz, extendiendo las tensionadas falanges de sus manos sobre la cabeza, como si quisiera destruir una sandía al imprimirle fuerza. —¡Respira!, creo que has leído demasiado, necesitas respirar, deberías salir a tomar aire más seguido —acariciaba su barbilla de adentro hacia afuera—, podrías acompañar a Mario en sus labores —sugería. Un poco de ejercicio oxigenará tu mente. —¡Padre, no seas ridículo! no me gusta salir… ¿Qué haría allí, afuera? —Sentarte en el pasto, por ejemplo. ¡O terminar de leer tú libro allá! —¡No quiero, déjame sola! —Discúlpame… —Papá, sin sentimentalismos por favor —dijo tajante al quiebre de voz del abuelo. Mejor envía a la criada, quiero un baño. —¿Todavía te baña? —Me ayuda a limpiar mi espalda, es difícil. —Entiendo… vaciló el abuelo. —Comprendo tu rabia, aunque no imagino el por qué se acentuó con un… —¡No lo pronuncies! —afirmó de manera tajante. Al cierre de la puerta, un sollozo silencioso y turbio, como el alma en pena de una mujer que espera escuchar las palabras que habrían de darle vida a su existir, hizo brillar su piel. No comprendía cómo aquel mozo negro de extraño aroma, cándidos y sinceros ojos, aún no pronunciaba palabra sobre ella. Creció en la cúpula, en principio por deseo de su padre, luego por deseo suyo. Tenía miedo de lograr una mirada de aquel hombre, como si al lograr ser nombrada, él se difuminara entre sus manos. Deseaba una rosa, un verso aún más que un beso, pero de la misma manera corría la cortina, temerosa de ser tragada.