“Mi sexualidad no es mi pecado… es mi paraíso”

“Mejor un hijo muerto que un hijo marica”

“Mi sexualidad no es mi pecado… es mi paraíso”. Sergio Urrego, 16 años (q.e.p.d.)

Cito este artículo de EL ESPECTADOR Colombia, porque su trascendencia ha hecho eco en el alma de todos aquellos que “no logran encajar”, the queers. Y me ha dado pie para crear una Categoría de Artículos en éste, EL BESO EN EL ESPEJO, para ver, por ejemplo, que el amor puede llegar a ser tan pleno, perfecto y trágico como la muerte de Jesucristo, soy Católico, creo en Dios, y por los avatares de la vida, lo he sentido en mí de diversas formas, y en diversas situaciones.

Como homosexual, a veces siento que la misma comunidad LGBTI hace que la sociedad le pierda el respeto al carácter de ser Homosexual; a veces pienso en la complejidad humana de aquellos que sienten su alma femenina encarcelada en un cuerpo equivocado; y es tan abstracta y compleja de entender, que prefiero tan sólo aislarme de ellos, sin darme cuenta que mi incomodidad, hace parte de mi propia incomodidad, aunque en mi caso amo mi cuerpo masculino. Me gustó conocer el pensamiento de Ophelia Pastrana cuya valentía y disponibilidad educativa y económica han promovido el desarrollo de su propia personalidad. Y es aquí cuando me pregunto, ¿Cuán positivo es cruzar la línea de la privacidad, de mi propio derecho a la sensibilidad mía y hacia el otro? ¿Cuán positivo en términos sicológicos es publicar en las redes sociales una y mil fotos de cientos de lugares visitados, Selfies, o aunque no estemos en la imagen, por ejemplo de un paisaje? ¿Es bueno perdernos el paisaje por tratar de inmortalizarlo, de mostrarlo a los otros? ¿Nos estaremos perdiendo la oportunidad de vivir nuestro paraíso (“Mi sexualidad no es mi pecado… es mi paraíso”. Sergio Urrego)? Quisiera tratar de entender mejor la complejidad que formó nuestras cabezas con una atracción pulsional determinada. Pero si lo único realmente importante en la vida es vivirla, amar no debería generar un conflicto, y ser gay tampoco.

Para mí, lo único realmente importante en la vida ha sido el trabajo, el estudio, la familia y los amigos, como en un frenecí descontrolado por tratar de mejorar mi calidad de vida. Y al analizarlo fue así como se ha ido construyendo EL BESO EN EL ESPEJO. Sólo que éste ha sido más un proceso abstracto de reconocimiento especular, que inevitablemente desencadenará en soledad. Inmerso en la lógica del Capital, la sexualidad es una esfera humana que no compite con el trabajo, por esa razón, yo soy simplemente por el hecho de que tengo habilidades que me permiten ocupar mi mente creativa, yo no soy por el hecho de ser un queer, ergo, una sociedad madura debería por defecto reiniciar su chip, y aceptar que cualquier hombre tiene derecho a amar a otro hombre, y que cualquier mujer, también.

Por tal razón mi libro-blog, que en algún momento me hubiera gustado que me liberara económicamente, es más un error, un intento un poco fracasado de lograr un selfie público, un reconocimiento más allá del espejo, como si algún día me pudiera hacer famoso. Pero me he dado cuenta que en realidad lo único valioso de la experiencia de haberlo escrito, y que seguiré publicando hasta su último capítulo, es el hecho de que al no ser famoso, conservaré mi privacidad hasta el día que Dios me lleve al cielo. Y si algún día me logra liberar económicamente, no tengo interés de salir del anonimato; porque quiero vivir la vida, y no, mostrar que la estoy viviendo; pero sí, compartirla con mis seres más cercanos.

kimura17

Quisiera poder firmar este artículo con mi nombre, pero debo hacerlo con un seudónimo pues soy rector de un colegio. Quiero evitarles a mis estudiantes, al resto de mi comunidad educativa y a mi propia persona represalias (a veces fatales), estigmatizaciones y otras formas de matoneo social que son justamente el tema central de la presente reflexión.

La muerte de Sergio Urrego fue la gota que rebasó mi copa. La valiente, contundente y desgarradora decisión que tomó para expresarle al mundo su dolor y su rabia —además de la madurez y profundidad de sus reflexiones póstumas— me remitieron a mi propia adolescencia atormentada, cuando llegó el momento de decidir si continuaba en este mundo asumiendo mi condición de homosexual o si abandonaba el barco como él lo hizo, dando un portazo de indignación y rebeldía. Las circunstancias de mi vida hicieron que pudiera tomar la decisión de quedarme en este mundo, en una época en que para nada se hablaba de este tema, como no fuera para señalarlo como el más horrendo de los pecados y perversiones, motivo de todo tipo de señalamientos, burlas y sanciones.

Que en pleno siglo XXI, año 2014, todavía haya tantas personas que sienten que no tienen derecho a vivir por su forma de ser y de amar, demuestra cuán lejos estamos aún, no sólo de ser una sociedad moderna, sino sobre todo de ser una sociedad humana: tolerante, respetuosa de la diversidad y del derecho a la vida privada, íntima, secreta, que todos debemos tener para poder vivir plenamente nuestra afectividad, sexualidad, espiritualidad, como terrenos inviolables en los que nadie tiene el derecho de entrar para juzgarnos…
Aún me veo a mis 13 años, en la soledad de mi cuarto, llorando y rezándole al dios de los católicos para que me “curara” y quitara de mi mente y de mi cuerpo las pulsiones que día a día iban cobrando más fuerza y que me revelaban de manera inequívoca mi “condición”… Y hay que insistir en esta palabra, pues muchos hablan de “opción” sexual para esgrimir el argumento de que esta desviada “escogencia” puede ser modificada con un adecuado acompañamiento psicológico. Tal como lo intentaron hacer en el caso de Sergio… Tal como yo intenté hacerlo en el mío propio. La diferencia es que yo corrí con suerte y mi “orientador” (un psiquiatra a quien nunca terminaré de agradecer) en lugar de “curarme” me ayudó a aceptarme y a respetarme.

La Iglesia católica, quizás la institución en la que mayor número de homosexuales (mujeres y hombres) se parapeta desde hace siglos, se ha ensañado con particular obsesión y sevicia con este tema. Quizás como una forma de exorcizar y de ahuyentar sus propios demonios e infiernos. Quienes estudiamos desde la infancia con curas y monjas sabemos de las dobles morales, los recovecos y meandros oscuros que se albergan debajo de muchas sotanas y hábitos, empapados de lúbrica represión y negación del cuerpo.

¿Con qué derecho los heterosexuales (en inglés straights: derechos) juzgan y condenan a los homosexuales (en inglés queers: raros)? Los “derechos” —engendradores y fabricantes de los “raros”— pontifican y legislan para decidir si los “raros” tenemos derecho a nuestros derechos… ¿Hasta cuándo tendremos que seguir negociando estos derechos con ellos? ¿Hasta cuándo nuestras manifestaciones públicas de afecto serán consideradas “actos obscenos”? Como el beso de Sergio a su novio, registrado en la intimidad de su celular y que un profesor, de manera dolosa, confiscó para inculparlo ante las autoridades escolares y ponerlo en evidencia frente a su familia y a la comunidad en general. ¿Hasta cuándo un beso o una caricia entre seres humanos del mismo sexo serán considerados actos obscenos?… mientras aceptamos como “normales” las violencias de todos los pelambres entre los demás seres humanos.

“¡Mejor un hijo muerto que un hijo marica!”… Esta frase tremenda la escuchamos muchas veces en la boca —o en los ojos— de nuestros padres, sobre todo del progenitor macho, que se ve confrontado y cuestionado pues siente en entredicho su propia masculinidad al comprobar que su potente y macho semen ha engendrado un ser defectuoso… un “raro”. El despertar y el reconocimiento de la homosexualidad femenina seguramente tiene otras connotaciones para la madre… Pero yo me atrevería a afirmar que en una sociedad machista, como la nuestra, es mucho más grave y repudiable —incluso para la madre, en muchas ocasiones la más machista— un hombre marica que una mujer lesbiana…

Comenzando por el hecho de que para los machos el lesbianismo es con frecuencia un fuerte y picante combustible erótico… El homosexualismo masculino —considerado “excremental” por personajes tan cuestionables como el senador Gerlein— frente a la homosexualidad femenina —calificada de “inane” por el mismo personaje— se constituye en una amenaza mucho mayor para la sociedad patriarcal, que siente corroídos sus cimientos ante la aceptación o la normalización de esta conducta “oprobiosa”.

Nunca será suficiente repetirlo: no es la homosexualidad la enfermedad… la enfermedad es la homofobia.

Gina Parody, primera ministra de Educación (¡nada más ni nada menos que de Educación!) que se declara “gay” de manera abierta y valiente, tiene un enorme reto frente a la sociedad colombiana. El presidente Santos, también con valentía y con un alto sentido de hombre de Estado moderno, nombró a esta funcionaria por sus calidades y créditos profesionales y no por su orientación sexual, aspecto absolutamente irrelevante y perteneciente a la esfera exclusiva e infranqueable de la vida privada.
¡Que el cruel sacrificio de Sergio Urrego no quede en la impunidad!

Este adolescente fue empujado al abismo por sus “educadores”, de manera deliberada y criminal, luego de estigmatizarlo y rotularlo: “anarco, gay, libertario”… Que este sacrificio no quede, sobre todo, en el vacío de la hipocresía, el limbo moral y el silencio cobarde de una sociedad que aún se tiene miedo sí misma.

http://www.elespectador.com/opinion/mejor-un-hijo-muerto-un-hijo-marica-columna-517926

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10 comentarios en ““Mi sexualidad no es mi pecado… es mi paraíso”

  1. Los seres humanos debemos ocuparnos de nuestra evolución interna, ello incluye no juzgar a otros y apreciar a las personas por su cualidad de tales. Lamentablemente las religiones patriarcales y la masculinidad tóxica han hecho estragos en las sociedades. Confiemos en que la nueva era trae cambios de paradigma positivos, te mando un abrazo.

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  2. Comparto muchos de los planteamientos que expones. Aunque bien reconozco que en muchos lugares, en la actualidad, comienza una chispa de esperanza y tolerancia.

    Hace varios años, cuando era un adolescente, viví el famoso “bullying” en una de sus formas más crudas y humillantes. Me preguntaba cómo era posible que mis maestros y compañeros no apreciaran el potencial académico que tenía y se enfocaran en mi orientación sexual. El panorama no mejoró al llegar a mi casa, unos padres cegados por la venda de la religión jamás tendrían un hijo homosexual y al sol de hoy escuchan la palabra homosexual o gay en la televisión y la apagan de a golpe y evaden el tema.

    Decisiones como la de Sergio estuvieron en mi psiquis por noches, meses, incluso años. Sin embargo, encontré refugio en las letras y más que nada en organizaciones sin fines de lucro. Hacer el bien y trabajar para orientar y educar a una sociedad prehistórica que se hace llamar moderna es una labor ardua, pero no imposible, con resultados gratificantes.

    No me gusta alardear de mis logros, pero a veces los menciono para que las personas vean que soy un hombre con estudios, responsable, educado, culto y parte de su sociedad. He logrado todo, con esfuerzos como cualquier otra persona, he llegado aquí y soy homosexual, mi orientación sexual no es un impedimento ni define lo que soy o doy como ser humano.

    Concuerdo con vos en como la propia comunidad gay ha contribuido a que se nos falte el respeto y desvalorice a nivel cultural, social e incluso laboral. Desgraciadamente somos un cúmulo de clichés en el que nuestros semejantes aportan más a la segregación que la incorporación.

    Al igual que vos firmo con pseudónimos mis obras, muchas veces por el miedo a las represalias y repercusiones que tal osadía implicaría. Con mucho pesar nos enfrentamos a una sociedad corrompida e hipócrita, resulta irónico como muchas veces se aboga por condenar el aborto, pero si el feto nace y es homosexual se le condena a muerte.

    Disculpad la intromisión y lo extendido de este comentario, pero un impulso me guió y aquí finalizo el mismo. Os deseo ánimos, muchas ganas para seguir con los proyectos y hacia adelante siempre.

    Un saludo.

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  3. Me has dejado… Bueno… Alucinando. Soy “eterosexual”, pero para mi no existen “gays”, “lesbianas”, “bisexuales” o “transexuales”, yo solo veo personas que tambien quieren amar y ser amadas. Todo el mundo tiene derecho a ser respetado. Nadie debe vivir con miedo a lo que le puedan decir o hacer por el simple hecho de ser “diferente”. Somos seres humanos, no piedras. Eso significa que tenemos sentimientos, por lo tanto tambien necesitamos expresarlos. Si un hombre y una mujer se pueden amar y formar una familia, ¿por qué no puede ser igual con dos hombres o dos mujeres? ¿Con qué derecho le quitamos a una persona su derecho a amar? El amor no tiene fronteras, ni barreras, ni tampoco entiende de edad, sexualidad, color de piel o religión. El unico problema que tiene el amor, es la mente del ser humano.
    Si cada persona nos dedicaramos a practicar el respeto y la tolerancia, no habría tantos suicidios, ni asesinatos contra los homosexuales y otros colectivos de personas. (Negros, judios, mujeres y un largo etc.)

    Me ha gustado mucho tu articulo, pues me a hecho reflexionar y pensar. Yo también puse uno parecido hace unos dias sobre la homosexualidad, aunque no lo he expresado ni la mitad de bien de lo que lo ha hecho usted.

    Saludos,
    Laura.:)

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  4. Un gustazo descubrirte, por casualidad. Vendré a explorar todo lo que escribes. Expones mis mismas dudas sobre la homosexualidad y su importancia en nuestras vidas.
    Un acto íntimo que solo nos diferencia de los que le gustan las rubias o las morenas, a la hora de meternos en la cama?
    Me siento humano, inmigrante, latino, cubano-sueco, un montón de otras cosas antes de homosexual y eso que considero mi sexualidad mi paraíso desde que tengo uso de la razón.
    Compartirla o no? Todos los que me importan saben que soy gay. Participo activamente en los clubes de osos, me siento cómodo en su mundo y nunca he negado mi homosexualidad.
    La mayoría de los que leen mi blog conocen mis preferencias, de vez en cuando escribo sobre ello pero esa “diferencia” no me puede marcar como ser humano. Soy, como los demás, los demás son como yo. No hace falta hacer guerras ni molestar a nadie, pues me siento en paz con mi homosexualidad. No quiero debatirla con nadie ni necesito enarbolarla como bandera.
    Perdona que cuente ideas tan personales en tu blog, leer tu excelente post me ha motivado a ello.
    Gracias por hacerme pensar.

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  5. Entiendo y comparto todo lo que dices, pero también entiendo la postura de la Iglesia, ya que se mueve dentro de otros paramentos que no son los humanos, exclusivamente. Amarás a Dios por encima de todo. Difícil sacrificio, pero posible, hay muchas personas célibes por amor a Dios. Cristo mismo, sudo sangre en el huerto de los olivos, porque que le causaba pavor, saber, de antemano, que clase de muerte le esperaba -traicionado, injuriado, soledad hasta de su propio padre Dios- pero, sin embargo, supeditó su voluntad, a la voluntad de su Padre, nuestro Padre Dios por amor. ¿somos acaso nosotros, simples humanos. mayores que el hijo de Dios? Esto nos dice la biblia “amarás a Dios por encima de todo” y el pide en ocasiones la renuncia de uno mismo, una cruz insufrible, que deja de serlo cuando se acepta por amor. No hay muerte sin vida, el grano de trigo enterrado en tierra a de morir, así mismo Jesús surgió victorioso de su muerte resucitando. No estoy hablando con esto de suicidio, sino de vivir una vida nueva en Cristo, entregarse a un amor superior, amar al prójimo para dejar de amar al próximo. ¿acaso teresa de Calcuta no amo? ¿S. Felipe Neri? etc. Claro que cuando la cultura occidental a consagrado la sexualidad como la causa primera del ser del hombre y ha infectado todos los medios de paginas pornográficas, películas y series de televisión para explotar el morbo y sacar pingues beneficios; (la industria del sexo es la segunda en ganancias después de la armamentística) resulta difícil entender el celibato como una opción de vida, a diferencia de lo que sucede en otras culturas como la hindú. Por otro lado no te juzgo, y deseo que seas feliz, estoy seguro que Dios también desea que te aceptes como eres, ya que eres su hijo y su hijo que sus no vino a juzgar ni a condenar. Si de verdad le amas, a Dios, el te hará entender un día si tu se lo pides, que camino desea para tí. De momento yo oro por ti, no por que seas homosexual, sino porque eres mi hermano en cristo y te amo por ello, y porque sé cuando has sufrido, un fuerte abrazo en Cristo Jesús.

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