Hombres y sentimientos: la verdadera historia

Hombres y sentimientos: la verdadera historia

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Una de las afirmaciones más sorprendentes que he leído en los últimos tiempos ha sido que el momento histórico actual es responsable de que “por fin los hombres puedan expresar sus sentimientos”. Sorprendente, digo, porque con solo hurgar un poco en la Historia podemos sacar la conclusión opuesta: que es hoy cuando más inhibiciones tenemos para hacerlo, y aun así no son tantas como nos quieren hacer creer. De hecho, la historia del arte y la literatura universal se basan en una sucesión de hombres (y en menor medida, mujeres) expresando sus emociones.

La presente entrada desterrará el mito del hombre que reprime sus sentimientos abordando tres áreas: las lágrimas masculinas, la amistad entre hombres y la expresión del amor.

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Las lágrimas masculinas

Pese a que muchos de nosotros hemos oído más de una vez eso de “los hombres no lloran”, lo cierto es que en el pasado era aceptable para un hombre llorar. Quizá no por cualquier cosa, pero sí en un abanico de situaciones mucho más amplio del que existe en la actualidad.

Si echamos un vistazo a obras de la antigüedad clásica, como la Odisea y la Iliada, nos encontramos que sus personajes lloran con inusitada frecuencia. En la obra Tears in the Graeco-Roman World (Lágrimas en el mundo grecorromano) Sabine Föllinger identifica varias ocasiones en las que era aceptable llorar, por ejemplo (p. 17-36):

  • Furia. Aquiles llora cuando Agamenón se lleva a Briseida. Y va a llorarle nada menos que a su madre.
  • Desesperanza. Cuando Agamenón llora a Zeus pidiendo ayuda, quien por cierto se apiada de él.
  • Angustia. Cuando Aquiles llora por la muerte de Patroclo. O cuando Menelao piensa que ha perdido a su hermano.
  • Miedo. Los griegos lloran por miedo a los troyanos. Por miedo a la batalla.
  • Gozo. Cuando Odiseo se encuentra con su hijo, o su padre Laertes después del largo viaje.
  • Anhelo. Cuando Odiseo piensa en su esposa Penélope, o Telémaco en su padre.
  • Derrota en un evento deportivo (¡igual que ahora!). Cuando Diómedes es derrotado en una carrera.

Por supuesto había ocasiones donde no se consideraba apropiado llorar, al menos en público. Odiseo (Ulises), que pasa buena parte de la Odisea llorando, llegó a cubrirse para que no lo vieran los feacios cuando la canción de Demódoco le hizo llorar, y parece que más por decoro que otra cosa. Cuando la canción paró, pudo calmarse y secarse las lágrimas, pero cuando Demódoco volvió a tocarla, Odiseo lloró nuevamente, y esta vez sí fue descubierto por el rey de los feacios, Alcínoo. Este último no pensó nada al respecto y le ayudó en su viaje, pese a las amenazas de Poseidón.

Odiseo, que se pone a llorar por una canción, y se pasa la mayor parte de sus aventuras llorando por otros motivos, no es ni mucho menos descrito como afeminado o débil, pues estamos hablando de un hombre capaz de enfrentarse a un cíclope y ganar la Guerra de Troya. Las lágrimas no estaban reñidas con la masculinidad, al menos no como lo están hoy día.

Pero la Antigüedad no es el único momento histórico en el que se aceptaba que los hombres lloraran ríos de lágrimas. En la literatura medieval también tenemos a numerosos hombres que lloran, por ejemplo en Beowulf, La canción de Roldán o Sir Orfeo. De hecho, el Cantar del Mío Cid empieza justamente con las lágrimas del héroe:

De los sos ojos tan fuertemientre lorando

tornava la cabeça i estávalos catando.

En realidad, quienes han analizado seriamente el tema de las lágrimas masculinas coinciden en que su represión comienza a mediados del siglo XX. Las razones, sin embargo, no están muy claras, pero parece que podría deberse a la contraposición entre razón y emoción, que identificaba las lágrimas con la falta de autocontrol.

Sea como sea, podemos afirmar que aquello de “los hombres no lloran” como prohibición absoluta dista mucho de ser un fenómeno ancestral y se remonta a tan sólo unas décadas.

La amistad

Al igual que ocurre con el mito de las lágrimas, la amistad entre hombres no siempre se ha caracterizado por una relación más o menos hostil donde los sentimientos se expresan a través de agresiones verbales. Pero al contrario que en el apartado anterior, esta vez dejaré que las imágenes hablen por sí solas.

friendsportrait2

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Estas imágenes no son ni mucho menos excepcionales, pueden encontrar bastantes más aquí.

Ninguno de estos hombres habría sido calificado de homosexual en el momento en que se tomaron las fotografías. Se trataba de hombres que expresaban sus lazos de amistad a través de un retrato.

La razón por la que estas actitudes se transformaron parece tener que ver con cambios en la percepción de la homosexualidad. En el pasado, la homosexualidad no era una identidad, sino una actividad que dependiendo de la cultura podía percibirse con indiferencia, desdén o incluso como pecado. En cualquier caso, la actividad homosexual no te convertía en uno. Sin embargo, con la transformación de la homosexualidad en una forma de identidad en el siglo XX, muchos hombres tomaron precauciones para no verse identificados como tales, pues dicha etiqueta podía tener un impacto duradero.

En otras culturas, sin embargo, la amistad masculina continúa siendo más estrecha que en Occidente.

men holding hands

El amor

Y llegamos finalmente a la categoría donde la evidencia es más abrumadora: el amor. Como señalé al inicio de la entrada, la literatura y el arte universal no podrían entenderse sin los hombres expresando sus sentimientos. Y entre dichos sentimientos se encuentra uno de los que a priori parecen más vergonzosos de expresar hoy día: el amor del hombre hacia la mujer amada.

Los hombres han expresado lo que sentían hacia sus amadas desde que el mundo es mundo, comenzando por canciones populares y terminando en… canciones de gran popularidad (véase Alejandro Sanz). La literatura cuenta con innumerables ejemplos de hombres que expresan su amor en este contexto, comenzando en el Antiguo Egipto (por lo menos). Sólo España cuenta con un gran número de estos hombres que hoy día se nos hace creer no existieron. Veamos por ejemplo un fragmento del Soneto V de Garcilaso de la Vega (1539-1616):

Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida;

por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir, y por vos muero.

Es de imaginar que la sociedad no se reía de Garcilaso de la Vega cuando expresaba sus sentimientos, pues sus escritos se han preservado hasta hoy y su poesía se enseña en las escuelas españolas.

Claro que Garcilaso no es una excepción: Gustavo Alfonso Bécquer, Antonio Machado, Federico García Lorca… todo esto sin entrar en poetas de otros países hispanohablantes o incluso otros idiomas.

Algunos de ellos incluso escribieron sobre el mismo amor. Veamos este ejemplo de Francisco de Quevedo llamado Es hielo abrasador:

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,

que dura hasta el postrero paroxismo;

enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.

¿Mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!

Claro que la mayoría de los poetas o autores literarios no sólo hablan del amor. También expresan sus sentimientos sobre la muerte, la nostalgia, la guerra y un sinfín de temas.

La expresión de los sentimientos hoy

Queda claro, pues, que la idea de que los hombres tienen dificultades para expresar sus sentimientos es, desde una perspectiva histórica, completamente falsa. Otra cosa es que a día de hoy se nos presione para que no lo hagamos o se nos ignore cuando lo hacemos.

Ahora bien, con esta entrada no pretendo decirle a nadie que exprese o deje de expresar lo siente, o que lo haga de una manera o de otra, pues cada uno tiene su propia personalidad, preferencias y circunstancias. Como siempre he defendido, toda masculinidad ha de ser respetada mientras no intente imponerse a otros o haga daño a los demás, con las excepciones de emplear la violencia en defensa propia, para defender a otros o por una exigencia profesional (ejército, policía, etc.).

Tampoco todos nos expresamos de la misma manera, y no tenemos por qué hacerlo. Hay quienes expresan su decepción llorando, mientras que otros lo hacen maldiciendo o con un comentario sarcástico.

Creo, sinceramente, que represión actual de los sentimientos del varón también tienen algo que ver con un factor muy sencillo: no se nos escucha. Y cuando esto ocurre, se nos manda a callar o se nos insulta. Numerosos hombres hemos expresado lo que sentimos con respecto a, por ejemplo, que perdamos rutinariamente la custodia de los hijos, que la palabra de una mujer baste para hacernos pasar por la cárcel, la demonización por parte de los medios de comunicación, el rescate del delito de autor y un largo etcétera. ¿Pero qué nos han dicho cuando hemos expresado lo que sentimos? Privilegiados, neomachistas e incluso bebés lloricas. Aparentemente, esos sentimientos no cuentan o son molestos.

Expresaremos nuestros sentimientos si queremos, cuando queramos, como queramos y para lo que queramos. No para cumplir con las expectativas de otros o con el objetivo de probar algo por motivos ideológicos. Porque tan nocivo es no poder expresar lo que uno siente cuando lo necesita como tener que hacerlo porque alguien así lo espera.

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11 comentarios en “Hombres y sentimientos: la verdadera historia

  1. Uffff… que razón tienes. Es en este último siglo, cuando la homosexualidad empezó a hacerse un sitio en la sociedad -muy merecido- que ha empezado a surgir esto. No creo que antes tampoco fuera absolutamente libre de expresarse al 100%, los estereotipos son más viejos que el siglo XX, pero es cierto que nunca han tenido tanta fuerza como ahora, y todo para no parecerse a los “desviados”, tristemente.

    Y hay ciertas ramas del feminismo, lo siento pero me niego a generalizar todo el movimiento, que se olvidan -o se quieren olvidar- de esto. Imponen los derechos de las mujeres -merecidos también- y dejan de lado la presión a la que somete el patriarcado a los hombres, lo cual es bastante triste, porque sin vosotros es una guerra sin fin y sin sentido alguno.

    Esa ley es un buen ejemplo de ello, una búsqueda de crear polémica y guerra, pero que no arregla nada a nadie, solo crea “bandos” en los que la mujer parece convertirse en privilegiada -y lo es a veces- y el hombre en victima. Pero no es una imagen real, ni ayuda a nada. La realidad es que un niño necesita a sus dos padres, sean del sexo que sean, y esa necesidad debería imperar ante todo, siempre y cuando vayan a cuidarle debidamente. Como también, hablando de la ley de violencia de genero, la realidad es que las víctimas, independientemente de su sexo o condición, lo que necesitan es apoyo y cuidado, no que se pueda encarcelar o repartir ordenes -inútiles- de alejamiento a cualquiera.

    Pero esas cosas, tristemente, a esta sociedad le importan poco. Siento si he mezclado muchas cosas, pero me ha inspirado el texto jajaja

    Un abrazo 🙂

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  2. Las lágrimas expresan en muchas ocasiones más que mil palabras. No creo en los convencionalismos de esta sociedad y el llorar no hace sino más humano al hombre. Fantástico artículo como siempre. Enhorabuena!

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  3. Las lagrimas limpia el alma a todo ser humano incluyendo a los animales que también lloran. Hace daño guardarlas en el alma.

    Me fascino los poemas, tremenda entrada, que Dios te bendiga la vida junto a los que amas en tu corazón.

    Mil abrazos

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